Finalmente, está sucediendo. Anthony Atala, cirujano urólogo y profesor de medicina regenerativa en el Wake Forest Institute de Carolina del Norte, Estados Unidos, se acerca cada vez más al logro del que ha sido su proyecto por más de 20 años: el cultivo de penes orgánicos en un laboratorio, para su transplante a seres humanos que los necesitan. 

Atala, peruano de nacimiento, desarrolló la idea por primera vez en 1992. Como nos recuerda el diario británico The Guardian, su éxito más notable en este empeño llegó en 2008, cuando quedó demostrada la viabilidad del proceso que ha inventado, pero para unos conejos. De los 12 en los que se implantó un pene de laboratorio, todos intentaron aparearse, 8 lograron eyacular y 4 produjeron descendencia. Nada mal.

Esta hazaña de la bioingeniería responde a un problema real: crear penes "en probeta" ayudará a todos los hombres que hayan perdido el suyo debido a accidentes (o a la furia de un/a amante despechada/o, que también sucede) o a problemas congénitos. En la actualidad, dice también The Guardian, la mejor opción para estos trágicos pacientes es que se les construya un pene usando músculos del brazo o la pierna, dentro del cual se coloca una prótesis que lo deja en permanente estado de semirigidez. Pero no sale del todo bien. Citamos: "la estética es cruda y la penetración, torpe".

La alternativa es el implante de un pene donado. De hecho, ya en 2006 se realizó con éxito esa operación, a un hombre de la China. Pero parece haber más de un problema, además de la obvia dificultad de encontrar donantes: según el reporte que comentamos, ese pene se retiró quirúrgicamente dos semanas de su implantación "a pedido del paciente y su compañera". No se dan más explicaciones, pero no es difícil imaginarlas.

Anthony Atala / Foto: The Guardian

Pero no nos burlemos. El problema es real, es serio y merece empatía. Además, Atala ha trabajado también en el desarrollo de otros órganos. Él y su equipo (que incluye a 300 científicos) anunciaron en 2006 el éxito definitivo del primer transplante de un órgano creado por bioingeniería. Una vejiga, implantada en 1999. Y este mismo año reportaron otro triunfo: cuatro vaginas de laboratorio, implantadas en 2005 en cuatro adolescentes afectadas por un raro problema congénito.

Es decir, no se trata solo de penes. La bioingeniería ofrece respuestas a numerosos males y soluciones a muchos problemas, y Anthony Atala está a la vanguardia de esta ciencia. Pero los penes, demás de ser "más peliagudos que otros órganos", según el científico, son los que más llaman la atención. Y no me digan que no.

Salve, pues, Atala. Estoy segura que muchos le desean los mayores éxitos a este doctor de origen peruano, que va camino a convertirse en un héroe de la ciencia nacional. Desde aquí, yo lo hago también.